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George Benson inaugura los Veranos de la Villa

Escrito por Sergio Rodriguez / 7 de julio de 2009

El mítico cantante y guitarrista de jazz ofreció un recital lleno de romanticismo y vibración

George Benson, anoche en Madrid

George Benson, anoche en Madrid

En el nuevo entorno de los Veranos de la Villa, ahora emplazado junto a Puerta del Ángel, muy próximo al metro y con una muy buena zona de aparcamiento, sobresale la calidad del sonido. Aunque menos romántico que el Conde Duque, también destaca su espacio. La zona de concierto está rodeada por la Casa de Campo a la derecha y una hermosa vista del Palacio Real. Un entorno que contribuye al placer por la magia del artista al que vayamos a ver y escuchar.

Y si ese artista cuenta con una experiencia desde los 10 años, edad a la que George Benson grabó su primer disco, la cosa pinta redonda para un concierto casi perfecto. Digo casi, porque lo malo de las cosas buenas es que siempre duran poco.

Rítmico y romántico

En un inicio sin pretensiones, dejó claro que su instrumento es la guitarra, y que los músicos que lo acompañaban eran grandes en su instrumento, muy grandes. Piano, bajo, batería, teclado y Benson, que no se sabe muy bien si toca la guitarra y la acompaña con la voz o si es la voz la que manda a la guitarra.

En un viaje muy medido entre el romanticismo de sus mejores baladas y un tema sorpresa en castellano, poco a poco se fue metiendo al público en el bolsillo. La audiencia, un tanto adormilada por el sosiego de la brisa entre los pinos, se dejó llevar por el capitán de las sensaciones. Y de las melodías. Una navegación en la que nunca perdió el norte y siempre supo contener lo mejor para el final.


Y de repente nos dio la noche

Y como en todas estas cosas que pasan en verano, de repente todo se hizo oscuro, ya nos tenia encandilados con sus magníficos clásicos a medio tiempo, se notaban que las pulsaciones subían y la luna casi llena reclamaba que los ritmos se aceleraran. Y fue así cuando, después de una muy merecida ovación del público, que se puso en pie un par de veces, de una manera un tanto tímida, dio dos acordes mágicos de manera inesperada y empezó su mítico “Give me the night”, y ya nadie pudo volverse a sentar.

El capitán mandó abordar la pista de baile y nadie quedó sentado, las manos se alzaron apuntando a la luna y Madrid se llenó de funk, soul, jazz y, sobre todo, buenas vibraciones.

Cuando todo parecía terminado, nos deleitó con su bis y este maestro se permitió el lujo de regalarnos un tema de los Beatles, interpretándolo sin voz, cantando con la guitarra, tan bien como sólo él lo sabe hacer.

A continuación, siguió con el “On Broadway” y la luna seguía ascendiendo y la gente seguía sin sentarse y aquella noche hubiera estado bien que no hubiese acabado.

Gracias Jorge, gritó todo el mundo al finalizar el concierto.

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